25 de marzo de 2011

Lo que estos puños me hicieron-2ª PARTE

Antes de asesinar a su esposa, estaba viendo el televisor, entretenido con la retransmisión de un partido de baloncesto . Aunque no le gustaba el deporte, su esposa se sentó de pronto a su lado y se puso también a ver el televisor. El, sin dar ninguna explicación, cogió el mando y pulsó el botón de apagado.

-Vete a la cocina -le dijo.

-Ya he acabado de fregar los platos -contestó ella.

-¡No te digo eso! ¡Digo que te vayas a la cocina y no husmees en lo que no te importa!

Ella se levantó de la butaca y encaminó sus pasos sin decir palabra a la cocina. Se sentía ahora profundamente resentida contra su detestable marido. Era la tercera regañina injustificada de aquel sábado. Cada vez que él se portaba de aquella manera, su angustia y sus ansias de venganza se ahondaban más. He de suponer que este dato lo dedujo el acusado de su propia observación pues la razón que él da de por qué lo conoce no es racionalmente aceptable por pertenecer al dominio de su delirio particular.

Por un motivo que dice desconocer, el acusado aún se acercó a ella por detrás, la empujó y dijo:

-¡Imbécil!

Ella no lo pudo resistir y se enfrentó a él. Tan indignada se sentía que, pese al temor que le tenía, llegó a abofetearlo. Fue la escusa que él utilizó para iniciar la serie de execrables actos de violencia que acabarían a los pocos minutos con la aniquilación de su esposa. Todos los espíritus con un mínimo de humanidad lo lamentamos ahora.

Lo delirante de su descripción comienza a partir de ese momento...

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