3 de marzo de 2011

La Sociedad Secreta

Un joven de edad próxima a los treinta ocupaba el asiento de acompañante de un automóvil, mientras que el del conductor lo ocupaba una joven de la misma edad. Ella sonreía y hablaba con animación, mientras que él, aunque guardaba silencio, mostraba en su expresión señales de preocupación y nerviosismo. De pronto dijo:

- Señorita Marta, nos están persiguiendo.

Ella perdió la alegría de su rostro.

- Raúl, voy a dar la vuelta y vamos otra vez al psiquiátrico. No has superado todavía tu crisis.

- Señorita Marta, no es un delirio, es la verdad.

- Raúl, a tu monitora no la puedes engañar, te conozco bien. Cuando superes la crisis, te llevaré a tu casa, pero mientras tanto...

- Son una sociedad secreta denominada Instinto Moral. He recibido varias cartas amenazantes de ella.

- No me creo nada de lo que me estás diciendo.

- Persiguen mis ideas nietzscheanas, contrarias a la generosidad y el amor, nociones de una burguesía debilitada y decadente.

- Hoy día no se persiguen ideas, cualquier libro de Nietzsche se puede exhibir libremente en los escaparates de las librerías...

- Pero es que yo he descubierto la existencia de esa sociedad, por eso me persiguen. Están infiltrados en todas las clases sociales y en todos los países. Su fundación data de eras remotas, de muchísimo antes que Sócrates, ese enfermo. Quizá de comienzos del Neolítico, quizá de antes...

- Raúl, aún en el caso de que eso sea cierto, ahora mismo no nos persigue ningún miembro de Instinto Moral. Acabo de mirar por el espejo retrovisor y... nada, no hay ningún coche detrás de nosotros.

- Es porque nos persiguen desde delante, para despistarnos.

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