27 de marzo de 2011

Equívocos en el Ministerio


El General en Jefe del Ejército de Tierra, nombrado hacía dos días apenas, todavía no era conocido personal ni físicamente por el Ministro de Guerra. Ni siquiera aquella vez se produjo un encuentro directo porque en apenas dos horas tenía que asistir a otra sesión de urgencia del Consejo Ministerial. Así que lo que tenía que decirle al general, se lo dijo vía telefónica.

-General -le dijo a modo de conclusión al final de una larga perorata- ya he comunicado a los otros ejércitos de la nación la posibilidad de que el Gobierno tome la decisión de declarar la guerra. Por mi parte creo que debería dar mi voto afirmativo. Mis ojos están fijos en un único e inevitable punto del horizonte más próximo. La respuesta que me transmite mi visión del asunto tiene una sola dirección. Dígame, pues, qué opina usted que debería hacer.

El General en Jefe guardó silencio durante un minuto pero el Ministro supo que había intentado en vano al menos en tres ocasiones decidirse a hablar pues repetidas veces le escuchó tomar aire.

En realidad estaba intentando dilucidar el grado de seriedad de las palabras del Ministro y si lo de que la respuesta que le transmitía su visión y demás no serían chistes algo fáciles que le advertían de que debía ofrecerle un dictamen totalmente contrario a la guerra. Al final contestó con una voz algo tímida, intentando que el Ministro aclarara mejor su pensamiento:

-Pues usted dirá. Por mi parte, ya sabe que no estoy mirando, como hace usted, a un solo punto de lo que tenemos delante.

El Ministro no captó el sentido real de la respuesta porque no sabía que el General en Jefe era bizco.

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