8 de marzo de 2011

El Descubrimiento Final

Hacía ya trescientos años que la humanidad al completo estaba dedicada en exclusiva a la solución del problema definitivo. En esa solución residía el éxito final de la inteligencia humana. Pero entonces comenzaron a expresarse opiniones muy críticas sobre el proyecto. Si en trescientos años no se había conseguido nada todavía, era porque se estaba haciendo algo mal.

Al hilo de consideraciones como ésta, un filósofo expuso su teoría acerca de lo que ocurría en un libro que tituló El problema del ProblemaSegún él, no se estaba haciendo nada tan mal como la forma de vender a la sociedad el proyecto. Como se pensaba que, una vez alcanzado el éxito, nada importante quedaba por hacer en el mundo, cada vez que se obtenía un logro parcial, aunque todos se alegraban en un principio, inconscientemente se alarmaban y miles de pequeñas negligencias acababan malogrando el avance. De ese modo, pasados tres siglos, el problema seguía en el mismo punto desde el que se empezó.

Al libro de este filósofo siguieron otros que aseguraban que el problema no era en realidad el definitivo sino uno más. Y así, un año después de pasados aquellos tres siglos, el problema fue solucionado. Pronto llegaron tantos y tan importantes retos nuevos que pareció que la Humanidad nunca había hecho verdaderos progresos.

No se supo advertir, sin embargo, que esto sucedía precisamente porque el que se había solucionado no era el problema que llevaba ocupándoles trescientos años, del que claramente se especificaba que era el definitivo. Así pues, éste quedaba una vez más sin resolver debido al sabotaje inconsciente de la masa social, promovido esta vez por una caterva de filósofos de segunda fila.

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