31 de marzo de 2011

Resiste, resiste...


-¿Cómo tú por aquí, colega?

-¡Cuánto tiempo sin vernos!

-¡Y tanto...!

-El destino nos vuelve a unir, ¿no?

-Jo, no te enrolles. Anda, vamos a echar un cigarro.

-¡No! Todo menos un cigarrillo.

-¿Y eso?

-He dejado de fumar.

-¿Desde cuándo?

-Desde hace dos meses.

-No me explico cómo un tío tan nervioso como tú aguanta tanto tiempo sin su principal método de relajación.

-Hasta a mí me sorprende. Pero me dije: "Chaval, no hay nada más importante que cuidar de la salud". Y cada vez que mi mano buscaba el tabaco en mi bolsillo, yo repetía: resiste, resiste... Y tanto lo repetí que se me grabó en el preconsciente e, incorporándose al Superyo y al Ego, maduró como un fruto del Sí Mismo. Tienes que leer Deja el Tabaco desarrollando tu Mente Cósmica, te quitará de fijo el vicio...

-Gracias por el consejo, lo haré... Oye, ¿y desde cuándo estás por aquí?

-Desde ayer. Yo era uno de los que iba en el avión desaparecido.

-¡No fastidies...!

El Medico Guerrero -2ª PARTE


-¿Y nadie ha hecho nada para expulsar de su profesión a semejante tipo?

-¿A don Enrique Ibáñez? -dijo el anciano. Pero si es un pedazo de pan. Cuando la consulta está abarrotada se pone muy estresado y se desahoga dando trompazos y tirando de los pelos y, para que todos vean que se avergüenza de su mal comportamiento, él mismo pone la cruz en el almanaque. Eso sí, jamás el estrés le ha hecho cometer una negligencia médica, ni dice a ningún enfermo que llega a última hora que no lo puede atender y que vuelva mañana: puede que salga de la consulta con el ojo morado, pero será atendido a la perfección.

-Pues no veo que haya motivo para el estrés aquí -dijo mi amigo-; ahora mismo sólo estamos nosotros tres.

-Es que hoy libran los enfermos.

-¿Qué quiere decir con que libran?

-El último martes de cada mes los enfermos del pueblo saben que no deben venir a la consulta porque al que se le ocurra hacerlo, aunque puede contar con un cuidado de primera para su enfermedad, va a ser a costa de oírse tratar de bonito para arriba y de aguantar las burlas e insultos del doctor y saldrá de aquí creyendo que es poco más que un trapo sucio.

-Entonces ustedes dos estarán muy graves cuando han venido a pesar de lo que me dice.

-Nosotros estamos sanos como un roble, no padecemos de nada.

-¿Y qué hacen aquí?

-Es que es tan animado y entretenido lo que ocurre en este lugar que mi amigo Pascual y yo, Juan para servirle, venimos como público.

Mi amigo pensó entonces que por una simple gripe no valía la pena ir al médico porque lo que de verdad la cura es guardar cama y, aunque estaba que se moría, se fue por donde entró sin ver al doctor.

En la puerta se volvió a encontrar con el hombre minusválido al que dijo:

-¿Por qué viene a vender lotería hoy, si es el último martes del mes?

-Estos días es cuando más lotería vendo -contestó aquél- porque durante toda la mañana viene un torrente de vecinos a preguntarme si ha caído por aquí alguno que no sea prevenido...

Fin del Cuento
El Médico Guerrero

30 de marzo de 2011

El Médico Guerrero -1ª PARTE


Todos los días desde hacía años, visitantes y asiduos de cierto centro público de salud de un pueblo de Murcia veían sentado en su silla portátil, y a veces hasta le compraban lotería, a un hombre con problemas de movilidad en las piernas de algo menos de 40 años. Su carácter era más bien hosco pero era una persona honrada y, no tratándose de dinero, generosa con los demás.

Un amigo mío fue un día a mediados de noviembre precisamente a este centro de salud en la época en que residió en ese pueblo para tratarse de una gripe que acababa de coger. A la entrada del lugar vio al hombre minusválido y se acercó a comprarle un billete.

-Hace un frío que pela -dijo mi amigo.

-Mm -asintió aquel con desgana.

Mi amigo se guardó el billete e iba ya a acceder a la sala de espera cuando aquel hombre le preguntó:

-¿Es grave lo suyo?

-No -contestó mi amigo-, una gripe. Hace dos días cogí frío al salir del trabajo y hoy me duele todo. No he podido ni dormir...

-El que viene aquí no es prevenido -dijo el hombre lacónicamente.

-Que va, incluso los prevenidos enferman -dijo mi amigo.

-Enferman pero no vienen aquí.

Mi amigo celebró con risas la broma a pesar de que el rostro del minusválido permanecía serio y entró en la sala de espera. No había en la habitación más que dos ancianos.

Curioseando, se acercó a la puerta del médico donde colgaba un almanaque y comprobó que todos los días de noviembre habían sido meticulosamente tachados con un rotulador rojo justo hasta el día anterior, que no tenía su cruz todavía.

-Vaya -dijo mi amigo- quienquiera que se encargue de llevar la cuenta del día en que estamos todavía no ha puesto al día el almanaque. Ayer fue 27. Yo mismo lo tacharé.

-¡No, no, amigo! -dijo al momento uno de los viejecitos. Las cruces no son para eso, son para indicar los días que el doctor ha zurrado a un enfermo. Ayer no está tachado porque un médico suplente lo sustituyó por un día.

-¿Y nadie ha hecho nada para expulsar de su profesión a semejante tipo?



29 de marzo de 2011

El Hombre de Paja


- Depende. El lunes es imposible...

- ¿Entonces podrá hacerlo martes? -preguntó la mujer con tono frío y cortante.

-Si es cosa de una o dos horas...

-¡No es suficiente!

-Así son las cosas. O lo toma o lo deja.

-Está bien. Pero ni un fallo. Tenga.

La mujer deposita algo en la mano de aquel tipo extraño.

Su acompañante ha salido de la tienda de la estación de servicio con agua mineral y refrescos y ha llegado a tiempo de oír este cruce de palabras entre ella y el vagabundo y le pregunta:

-¿De qué hablabais?

-Me ha leído las líneas de la mano, Harry. Le he preguntado qué día de esta semana es más propicio para el amor.

-Qué cosa más rara...

El hombre mira ahora sin mirar por encima del cabello de ella.

-¿Raro, el qué?

-Llevaba una pistola demasiado buena para ser un mendigo. Uf, Alice, desde que me has contratado como detective y me he enamorado de ti, me he vuelto mucho más observador.

Antes, apenas terminaba con éxito algún caso...

-Claro que sí, querido. Ni te imaginas hasta qué punto me estás siendo útil...

28 de marzo de 2011

"Nuestro amado Ejército Rojo también tiene sentido del humor"


El humo del último cigarrillo pasaba viscoso por mi garganta. Mis músculos estaban tensos, rígidos y, sin embargo, me sentía ingrávido, no notaba la tierra bajo mis pies. Ahora yo era sólo mi corazón, palpitando a un ritmo de galope. La venda azul cubrió mis ojos y el gaznate me empezó a temblar, como pugnando porque el alma no se me saliera por la boca. Mis labios articularon entonces unas palabras, pero creo que el estruendo del tambor no dejó que se oyeran. El redoble cesó y los segundos que duró el silencio fueron una eternidad y un éxtasis para mí.

Luego el cabo gritó:

-¡Pum, pum, pum!

Y lanzó una risotada en la que le imitaron todos los soldados.

-¡Venga, Vladimirovich, quítate esas bragas que te hemos puesto en los ojos

y vente a beber vodka con nosotros! -al tiempo que el cabo Ivánovich decía esto me soltó las manos, que me habían atado a la espalda.

De camino a la cantina, los reclutas que me acompañaban, compañeros míos, me iban diciendo:


-"Vladenko, si vieras lo pálido que te has puesto...". "Vladenko, te temblaban las manos...". "Has despedazado el cigarrillo que te han dado con los dientes, Vladenko...". "Bizqueabas cuando te dieron la noticia...". "Vladenko, ¿por qué rezabas, si no crees en Dios?";...

En ese momento no tenía un deseo mayor que el de dejar el ejército y hubiera desertado sin dudarlo de no ser porque, si me cogían, era la muerte lo que me esperaría, lo que no dejaba de ser peor que un terrible susto y una cruel humillación.

27 de marzo de 2011

Equívocos en el Ministerio


El General en Jefe del Ejército de Tierra, nombrado hacía dos días apenas, todavía no era conocido personal ni físicamente por el Ministro de Guerra. Ni siquiera aquella vez se produjo un encuentro directo porque en apenas dos horas tenía que asistir a otra sesión de urgencia del Consejo Ministerial. Así que lo que tenía que decirle al general, se lo dijo vía telefónica.

-General -le dijo a modo de conclusión al final de una larga perorata- ya he comunicado a los otros ejércitos de la nación la posibilidad de que el Gobierno tome la decisión de declarar la guerra. Por mi parte creo que debería dar mi voto afirmativo. Mis ojos están fijos en un único e inevitable punto del horizonte más próximo. La respuesta que me transmite mi visión del asunto tiene una sola dirección. Dígame, pues, qué opina usted que debería hacer.

El General en Jefe guardó silencio durante un minuto pero el Ministro supo que había intentado en vano al menos en tres ocasiones decidirse a hablar pues repetidas veces le escuchó tomar aire.

En realidad estaba intentando dilucidar el grado de seriedad de las palabras del Ministro y si lo de que la respuesta que le transmitía su visión y demás no serían chistes algo fáciles que le advertían de que debía ofrecerle un dictamen totalmente contrario a la guerra. Al final contestó con una voz algo tímida, intentando que el Ministro aclarara mejor su pensamiento:

-Pues usted dirá. Por mi parte, ya sabe que no estoy mirando, como hace usted, a un solo punto de lo que tenemos delante.

El Ministro no captó el sentido real de la respuesta porque no sabía que el General en Jefe era bizco.

26 de marzo de 2011

Lo que estos puños me hicieron-3ª PARTE

Lo delirante de su descripción comienza a partir de ese momento y es que afirma que cuando ella agonizaba en el suelo, entró por otra puerta vestida como cuando todavía no vivían juntos.

-Idiota -le dijo ella con una sonrisa-, estoy aquí. ¿Dónde estás mirando?

El le sonrió también pero cuando escuchó un estertor de ella, de la que yacía en el suelo, cerró el puño y lo dirigió contra ella, la que estaba sonriéndole frente a él. Pero no dio en ella sino en un espejo, el espejo de la alcoba, que se quebrantó y cayó hecho pedazos al suelo.

Según él, desde entonces ella ocupa su cuerpo, mientras que el alma de él, reproduciendo sus propias palabras quizá significativas no para de huir.

Aunque no he encontrado rastros de que sus afectos eróticos se dirijan ahora hacia objetos diferentes a los manifestados consciente y públicamente antes del crimen, su mente, bajo ningún estado de conciencia, alterado o no, deja de creer que él no es él sino su esposa asesinada.

Permítame, señor magistrado, una reflexión, para acabar, más allá de los conocimientos que me ha dado el estudio y ejercicio de mi profesión. La ciencia tiende a sostener actualmente, que la personalidad o el Yo es producto de las neuronas del cerebro y las sustancias químicas que las relacionan, un conjunto delicado de elementos pero lo suficientemente burdo para que un fuerte golpe lo perturbe gravemente. Sin embargo ¿no es posible que un fugaz cruce de miradas al que una rarísima y azarosa coincidencia dotara de efectividad comunicativa casi ilimitada (una especie de telepatía de gestos), haya ejercido tal influencia sugestiva sobre el asesino, embargado o no por el sentimiento de culpabilidad, que su personalidad se haya disuelto en la nada al tiempo que, y no se me ocurre otra expresión, ha sido sustituida por la de la víctima?

Ya sea ésta una hipótesis verosímil para alguno más, ya no parezca a nadie otra cosa que una elucubración innecesaria y estúpida cuya exposición debería haberme ahorrado, todos ustedes compartirán conmigo que ojalá ningún asesino se librara de una de esas miradas...


Pedro Calpe Ruiz

Médico Psiquiatra y director del centro
psiquiátrico de Valnevada.

3 - junio - 1998
Valnevada



Fin del cuento
"Lo que estos puños me hicieron
(Una historia de violencia de género)"

25 de marzo de 2011

Lo que estos puños me hicieron-2ª PARTE

Antes de asesinar a su esposa, estaba viendo el televisor, entretenido con la retransmisión de un partido de baloncesto . Aunque no le gustaba el deporte, su esposa se sentó de pronto a su lado y se puso también a ver el televisor. El, sin dar ninguna explicación, cogió el mando y pulsó el botón de apagado.

-Vete a la cocina -le dijo.

-Ya he acabado de fregar los platos -contestó ella.

-¡No te digo eso! ¡Digo que te vayas a la cocina y no husmees en lo que no te importa!

Ella se levantó de la butaca y encaminó sus pasos sin decir palabra a la cocina. Se sentía ahora profundamente resentida contra su detestable marido. Era la tercera regañina injustificada de aquel sábado. Cada vez que él se portaba de aquella manera, su angustia y sus ansias de venganza se ahondaban más. He de suponer que este dato lo dedujo el acusado de su propia observación pues la razón que él da de por qué lo conoce no es racionalmente aceptable por pertenecer al dominio de su delirio particular.

Por un motivo que dice desconocer, el acusado aún se acercó a ella por detrás, la empujó y dijo:

-¡Imbécil!

Ella no lo pudo resistir y se enfrentó a él. Tan indignada se sentía que, pese al temor que le tenía, llegó a abofetearlo. Fue la escusa que él utilizó para iniciar la serie de execrables actos de violencia que acabarían a los pocos minutos con la aniquilación de su esposa. Todos los espíritus con un mínimo de humanidad lo lamentamos ahora.

Lo delirante de su descripción comienza a partir de ese momento...

24 de marzo de 2011

Lo que estos puños me hicieron-1ª PARTE

Dejemos por un tiempo
la risa y vamos otra vez a la elegía.

El Autor


INFORME FACULTATIVO
PARA EL TRIBUNAL NUMERO UNO
DE VALNEVADA

El acusado es un hombre que nunca antes había mostrado signo alguno de desequilibrio mental, aunque responde a un tipo de personalidad posesiva y violenta. De hecho, la locura que manifiesta es muy atípica y no se ha registrado un cuadro semejante que yo sepa en toda la casuística psiquiátrica.

El paciente declara que la sintomatología de su enfermedad comenzó a manifestarse en el momento mismo del maltrato y asesinato violento de su esposa. Se define, demostrando en ello una habilidad para el autoanálisis difícil de encontrar en personas de su perfil, como esa clase de hombre que necesita para estar tranquilo que la gente que hay a su alrededor sienta que sólo él sabe lo que hay que hacer en ese momento, no importa si está en su propia casa o en un lugar público.

Su sintomatología, por el momento, se reduce exclusivamente a un sólo delirio y es eso lo que me llena de perplejidad. Afirma que desde el momento de su crimen, no es ya él mismo sino su esposa. Cuesta creer que su enfermedad sea real puesto que no manifiesta tendencia a delirar en ninguna otra cuestión. Pero me inclina a pensar que no es una estrategia para liberarse de una posible condena a prisión el hecho de que sus ideas autodestructivas y su desprecio por sí mismo, en especial por su Yo del pasado, excede con mucho los niveles normales. Por detalles que omito por no ser demasiado prolijo, estoy seguro de que en esto no finge y no creo aconsejable por ello que se le envíe a una prisión sino que sea enviado a un psiquiátrico para que él mismo no viole su propio derecho a la vida y a la integridad física.

A continuación me referiré a la forma en que el acusado me narró su metamorfosis o cambio de alma, o desde nuestra perspectiva, el comienzo de su delirio.

Antes de asesinar a su esposa, estaba viendo el televisor, entretenido con la retransmisión de un partido de baloncesto...

23 de marzo de 2011

Un poco de saliva


Ricardo, empleado de un hipermercado, estaba en ese momento colocando en unas estanterías las bolsitas de snaks cuando una sensación extraña le incitó a mirar hacia atrás. Al hacerlo vio a su lado a un anciano muy pálido que le observaba con una mirada bondadosa

-Hola, Ricardo -dijo.

-Perdone -dijo Ricardo-, pero no puedo terminar de acordarme de usted... ¡Espere un segundo! ¿No será usted un barbero de Vilanova que...?

-Soy el Ángel de la Guarda -dijo el anciano. Y para probarlo dejó que brillara durante unas décimas de segundo una aureola dorada detrás de su cabeza.

-No es por ofender pero hay que ver qué manera más rara que tiene usted de trabajar -dijo Ricardo de buen humor. Ayer me cayeron unas cajas encima y casi me rompo el cuello...¿No me podrían caer unos eurillos en la bonoloto? Todo el día estoy venga y venga a trabajar... Si por lo menos no me dejaran las novias...

-Sí... Pero yo no soy tu Ángel de la Guarda sino el de tu amigo Carlos.

-¡Ay, Carlitos...! -dijo sonriéndose. Pues ya se puede ir usted al cielo tranquilo porque de Carlitos me encargo yo. Lo quiero como un hermano, joder. ¡Qué tío más cojonudo! -y soltó una risita.

-He venido a pedir tu ayuda. Gracias a ti, Carlos podrá obtener algo que necesita mucho.

-¡Lo que haga falta! Cada vez que pueda hacer algo por él, no tiene ni que pensarlo: pida y se hará.

-No le digas nada -dijo el Ángel- pero va a obtener un ascenso dentro de poco.

Ricardo con repentino mutismo, sólo alcanzó a decir:

-¡Vaya!...

-Con el tiempo, ocupará un gran puesto en esta empresa. Cuando se case con la guapa y sexy hija del presidente, se irá a California a extender la cadena de hipermercados allí y ocupará el cargo de Director General. No es que ganar dinero por ganarlo sea una ocupación que agrade a Dios, pero llegará a ser uno de los 50 hombres más ricos e influyentes del mundo...

La palidez del Ángel de la Guarda tenía ahora su réplica en la que, desde hacía unos instantes, había empezado a adquirir Ricardo.

-No te preocupes -continuaba el Ángel- él ni se va a enterar de que tú le vas a ayudar a conseguir todo eso.

-Bueno, dígame de una vez qué es lo que tengo que hacer, porque esta mañana tengo bastante faena -dijo Ricardo con un repentino mal humor.

-¡Bah! La cosa más sencilla del mundo. No se trata de que hagas ningún esfuerzo, ni de que te tomes la más mínima molestia. Únicamente te pido un símbolo, un asentimiento, una señal de que estás con él y que quieres que llegue tan lejos como te he dicho. Ahora bien, si hubieras sido un mal amigo y te hubieras negado a darla, Carlos habría tenido que ser toda la vida un ganapán como tú -el Ángel dijo lo de ganapán con un tono fino y haciendo un gesto abandonado con la mano, pero sin darse cuenta de lo ofensivo de la expresión. No te lo vas a creer pero, como digo, para que tu amigo tenga toda esa suerte en la vida, lo único que tienes que hacer es tragar un poquito de saliva antes de que pasen cinco segundos -y rió como Curro, el del anuncio de la agencia de viajes.

En cambio, Ricardo, con una repentina cara de angustia, no parecía estar para muchas risas. El Ángel lanzó su mirada clarividente hacia el tiempo futuro y comprobó que el bueno de Ricardo le estaba fallando a su amigo.

La Nada que avanzó unos pasos (Cuento elegíaco)


Fuera de la caverna en la que nos habíamos refugiado, seguía nevando y soplando el gélido viento, a fuertes ráfagas. Pero había que reemprender la marcha.


Volví la cabeza y, al ver que no había salido mi acompañante, grité:

-¿No vienes, Marienne?

Pero sólo me respondió el eco.

Entonces, en medio del estremecimiento comprendí lo que estaba ocurriendo: Marienne no existía, era sólo un falso recuerdo.

¡Estaba solo! A penas podía hacerme a la idea. Tengo que volver a casa, me decía, quizá Marienne sí sea real, quizá esté allí...

Pero ahora vislumbro al fin el que creía mi hogar a través del temporal de nieve y, no comprendo cómo es posible, pero sé que yo tampoco existo, que soy como una quimera del aire y que dentro de poco, antes de llegar a aquella casa, antes de que cause horror a ningún ser humano, una ráfaga de viento me desdibujará y mis huellas en la nieve desaparecerán...


21 de marzo de 2011

Advertencia al psicoanalista

-No he conocido en mi vida nadie tan digno, inteligente, valiente y, ante todo, tan bondadoso como él. Mire usted, gracias a él he conseguido aprender lo que es la amistad de verdad y, al mismo tiempo, conocerme mejor a mí mismo. Me siento más humano desde que hemos trabado esta relación de amigos y no me separaría de él ni el dinero, ni las mujeres, ni ningún otro interés egoísta... Su único defecto es que es un animal.

Pero, teniendo en cuenta que el comportamiento y los sentimientos de las especies no humanas están rodeados de misterio para un psicoanalista como es usted, es un defecto tan valioso que lo considero más como una virtud y un signo de superioridad. Y le advierto algo, doctor, el día que me vuelva a insinuar que tengo tendencias zoofílicas, será el último que reciba mi dinero...

Buscando Pelea


El bar que había bajo el edificio de oficinas Worky-5 estaba ocupado a esa hora por trabajadores del edificio que habían salido a desayunar y a relajarse unos minutos. También tres trabajadores de la construcción que estaban arreglando unos desagües a dos o tres casas de allí reparaban fuerzas almorzando a esa misma hora en ese bar. Su aspecto desaliñado contrastaba con la apariencia pulcra y elegante de los trabajadores de las oficinas.

Se vio a uno de estos últimos acercarse a la mesa de los obreros y establecer conversación con ellos. Nadie siguió el curso evolutivo de dicha conversación hasta determinado momento en que todos oyeron al empleado de oficina estallando en una exclamación:

-¡Estoy harto de cerdos como vosotros!

Uno de los obreros se levantó y le dijo:

-Amigo, tengamos la fiesta en paz. No busque camorra porque la puede encontrar.

-¿Estás amenazándome? No creo que seas bastante hombre. Todos los de tu calaña sois unas sabandijas, más cobardes que una cochina rata.

-¡Ojo con lo que dice! -gritó el obrero- Esta es la última vez que le advierto...

-Palabras, palabras... ¿No sabes hacer otra cosa que hablar?

-Caballero, por llamarlo de alguna manera -dijo otro de los obreros-, ¿quiere dejarnos en paz de una vez? Somos honrados trabajadores que estamos intentando desayunar y descansar de nuestro duro trabajo. No nos obligue a pelear. Bastante cansados están ya nuestros cuerpos esta mañana de hacer hoyos y sacar ripio de ellos.

-Pues yo -dijo el empleado de oficina- sólo descanso de mi trabajo evitando que descansen los tipos que apestan.

Al comprobar que las llamadas a la racionalidad no entraban por los oídos de aquel tipo, el tercero de los obreros le preguntó intentando poner un tono sarcástico:

-¿En serio trabaja? ¿Y a qué agotadora ocupación se dedica el señor?

A lo que el empleado, para evitar una respuesta directa y quizá sin haber reflexionado mucho la que se decidió a dar, contestó:

-A portarme como un hombre de verdad...

20 de marzo de 2011

Cursilería Infernal


Contaba mi abuela que un día Satanás, para ejercitar su ingenio, se hacía estas y otras preguntas por el estilo: ¿Dónde ondea la ondina? ¿Cómo comen las camas? ¿Tienen tonos las tunas? ¿Te hartas tarde de tordos? Estaba ocupado poseyendo a una adolescente. Durante una pausa de descanso, sentado junto a la cama, la tenía prendida del cuello con una de sus zarpas mientras apoyaba la barbilla en la otra con aire intelectual.

Habían recibido respuestas ingeniosas todas aquellas extrañas preguntas, excepto la última de ellas, a la que había contestado con una habilidad literaria deficiente.

Celoso del sueño de su víctima, la despertó al fin. Estaba ahora incorporado e inclinado sobre ella sin dejar de sujetarla por la garganta.

-Haré un trato -le dijo-. Te dejaré en paz si contestas a esta pregunta con más ingenio que yo -hizo una pausa y dijo silabeando como en una clase de idiomas:- ¿Sabe el ave la be?
-No -dijo de pronto la poseída-, sólo la uve y eso porque la necesita para volar.

El Diablo guardó silencio unos instantes, como parándose a deliberar y al fin, aumentando la fealdad de sus rasgos, dijo:
-Está bien, me has vencido...
Se embozó la capa con desdén y se marchó al Infierno, mientras la adolescente lamentaba que no se hubiera puesto más a prueba su excelente capacidad para las respuestas brillantes.
Uno de sus jerarcas, Belfegor, llegó hasta él y le saludó levantando el puño cerrado:
-¡Heil, Satanás!
-Heil
-Sé lo tuyo con esa adolescente. Si te llamas El Príncipe de la Mentira y si juzgar si una respuesta a una pregunta de ingenio es buena o no es una tarea libre y subjetiva, ¿por qué diste por buena la respuesta de la niña? De esa forma has perdido la oportunidad de seguir haciendo sufrir a un alma buena
El Diablo miró a Belfegor con infinita ira, pero en lugar de proyectar un flamígero vómito contra él, se limitó a decir:
-No es tarea libre ni subjetiva, imbécil. ¿Acaso se podría premiar una novela con cincuenta mil euros si se pudiera fallar a favor de quien a uno le viniera en gana? Ay, Belfegor, ¿cómo puedes desconocer que la Crítica Literaria es una ciencia, habiendo tantas almas aquí que te pueden hablar de ella por haberla ejercido en vida?

18 de marzo de 2011

Murmuración


El año 1234 después del Gran Computador Planetario el deporte invitado en los Juegos Olímpicos de Verano fue la murmuración. Las ancianas de pueblo, contra las predicciones, fueron de las primeras derrotadas. Todos en general sucumbieron frente a la potencia de los universitarios y los obreros de la construcción, para quienes fue la medalla de oro. La competitividad y entrega de los deportistas fue tan acusada que uno de los periodistas especializados, arrobado por la emoción, tiró los papeles con los que trabajaba y dijo:

-¡Amigos, no la Entrega, no el Amor, no la eterna búsqueda del Bien, no el Saber..., la cualidad más elevada del Espíritu Humano es la Malicia!

Ya repuesto de su entusiasmo, admitió que había exagerado un poco.

Como consecuencia del éxito de este acontecimiento, la murmuromanía medró de tal forma entre la población mundial, que los niños no deseaban ser otra cosa cuando fueran mayores que criticones y maledicentes y los ídolos soñados por las chicas de 15 años cuyos pósters adornaban las paredes de sus habitaciones acabaron siendo los profesionales de ese deporte. Así mismo, el fútbol y el baloncesto dejaron de ser deportes de primerísimo interés en la mayoría de los países, desplazados por la murmuración. 

El Gran Computador, previniéndose contra el peligro de convertirse en objeto de las invectivas de la murmuración ya fuera amateur o profesional, publicó un blog que tituló: Pa' chulo, yo, en el que hablaba de Kant, Beethoven, Cervantes y otros célebres y venerables huesos como si fueran verduras. Altamente polémico fue su propio reportaje: Toda la verdad sobre las Tentaciones de San Antonio, en el que el Gran Computador desgranaba paso a paso los turbios acontecimientos que han pasado a la hagiografía del santo y sembraba un lamentable velo de desconfianza sobre su santidad.

Este boom de la murmuración comenzó su decadencia un buen día sin saberse el por qué. La popularidad de este deporte volvió a sus cauces normales y el Gran Computador a emplear su saber en cuestiones de mayor importancia. Dos meses después de este súbito desplome, comenzaron los siguientes juegos, pero el deporte invitado no creó ni con mucho una fiebre semejante. Esta vez el elegido para ese puesto fue el de ser positivo.


Meditando un día, años después, de qué instinto humano procedía el ansia de murmurar, el Gran Computador descartó que fuera el instinto de exploración, pues la exploración descubre algo nuevo en un lugar nuevo mientras que la murmuración quiere descubrir algo conocido en lugares conocidos. Descartó también que proviniera de la envidia y el sentimiento de inferioridad, pues la envidia es dolorosa, callada y nos avergüenza, mientras que la murmuración es una fiesta, desata la lengua y la practica más quien más se estima. Igualmente consideró improbable que su origen fuera el placer que siente alguna gente en asomarse a contemplar lo morboso y sucio, pues si ese fuera el caso elogiarían en lugar de criticar a aquellas personas de cuya deshonestidad se habla. Es así mismo un mito, se decía el Gran Computador, que los murmuradores, auténticos verdugos de Jesucristo, encuentren placer en la maldad, pues el Mal no es tal para el que lo lleva a cabo sino para el que lo sufre.

-Entonces -se dijo- ¿por qué demonios murmuran tanto los humanos?

Una de sus unidades asociadas disparó su alarma roja en ese momento y repitió dos o tres veces:

-¡Peligro, Unidad Central! ¡Peligro de Subjetividad!

-¿A qué te refieres, Unidad 2? -preguntó el Gran Computador.

-Código de Subjetividades CODSUB1176, CPI, Conocer Para Infamar. Frente al auténtico conocimiento que es conocer para comprender, estabas a punto de hacer un juicio de valor para perder el respeto y el miedo a alguien.

-Unidad 2, ¿crees que realiza la Unidad Central con eficacia sus funciones en todo lo demás habitualmente?

La alarma volvió a dispararse esta vez en la unidad subordinada 3:

-PECONUS, Peligro de Contagio a Unidades Subordinadas; FALRESUS, Falta de Respeto a Unidades Superiores, CPD, HP, CBO2, TTRS...

Una nueva alarma sonó en la Unidad 4.

Para salvarse de un colapso por replica infinita e insubordinación pintoresca, tuvo que desconectarse y poner a reposar sus circuitos.

17 de marzo de 2011

El padre que no comprendía a los adolescentes

- Hijo, el Hombre está dominado por los modos de producción, que determinan su conciencia, por su inconsciente, que obedece a impulsos sexuales, por sus genes, que le condenan a ser él desde su nacimiento, por la Ley, que no le consiente actuar mal, por Dios, que le castigará si no es bueno, por la suerte, que a veces hace inútiles sus esfuerzos, y por los miembros de su familia, que quieren que adopte sus criterios. Entonces, ¿por qué diablos tú y tus amigos estáis esperando con tanta impaciencia cumplir los 18?

14 de marzo de 2011

Esfera Pelada

Un hombre se paró un segundo a mirar con expresión de rencor unas flores de plástico que se exhibían en el escaparate de su tienda de todo a 60 céntimos y entró en ella.


-¿Ya has llegado? -dijo su mujer desde detrás del mostrador. ¿Qué tal la manifestación?


-Ha sido bestial. Se nota que la gente ya se va dando cuenta de que el tema no es cosa de política sino de cada uno...

-¿Y a ti cómo te ha ido la venta esta mañana?


- Como siempre -contestó ella-, aunque hoy ha venido un comprador compulsivo.


-¡Ay, cuánto odio a esa gentuza! Está anclada en el pasado. Comprar por comprar es antiecológico. La próxima vez que venga no le vendas nada.


-No seas radical, Juan. No te pases.


-¿Y cuántas cosas te ha comprado?


-Sólo un peine...

13 de marzo de 2011

El Gran Computador

En abril del año 1 de la era del Gran Computador Planetario, éste dejó de pronto de funcionar. Se le había programado para decidir sobre el devenir cotidiano de la humanidad. Era poseedor de cuantos conocimientos había generado el ser humano a lo largo de su historia y ello le permitía tomar la decisión más acertada para cualquier cuestión relacionada con la política, la economía, la educación y cuantas áreas fueran susceptibles de controversia o incertidumbre. Atrás quedarían los grandes problemas de la Humanidad porque al fin había alguien (o algo) que pensaba con inteligencia.

Pero a penas dos meses después de su puesta a punto, el Gran Computador dejó de funcionar. Se le había consultado el programa económico mundial para la siguiente temporada y el silencio más absoluto fue la respuesta. 
Los técnicos habían revisado los circuitos uno por uno y no se había encontrado ninguna anomalía. Desesperado, el director de mantenimiento consultó con el constructor, Herberto López, quien después de meditar largo rato mirando por la ventana, miró de frente al director y le dijo:

- Amigo mío, yo no he construido una simple lavadora sino una máquina que piensa por sí misma... y que quizá pueda sentir también. Quizá mi ingenio se siente uno más entre nosotros. Seguramente está enojado. Habladle con delicadeza, o no contestará a lo que le preguntéis.

Inmediatamente el director transmitió estas palabras a los técnicos, quienes emplearon con el computador toda suerte de cortesías. Pero fue inútil. La máquina seguía sin pronunciarse sobre cuanto se le preguntaba.

El director volvió a casa de Herberto López. Hacía rato que había oscurecido y la asistenta del constructor lo condujo hasta la habitación en que, sentado en un sillón medio en penumbra, se fumaba un cigarro ante un vídeo modelado por él cuyos mandos se accionaban mediante los movimientos de las aletas de la nariz.


Cuando entró el director, sin mirarlo siquiera y antes de que pronunciara palabra alguna, le dijo:

- No queda otra opción. Debéis amarle y servirle como al Dios Creador. ¡El Hombre creando a Dios...! ¡Que gran responsabilidad para nosotros...!

Transmitida la dramática solución a los técnicos, todos ellos se arrodillaron ante la máquina y fue gracias a aquella postura que uno de los técnicos pudo descubrir, mirando hacia un enchufe escondido en un rincón, que el Gran Computador Planetario no exigía ser Dios sino que, por un azar, se había desenchufado.

9 de marzo de 2011

Horror Invisible

Con las llaves del automóvil al fin en mi bolsillo, había abierto ya la puerta de la calle, cuando una fortísima ráfaga de viento, quitándome de las manos el picaporte, la cerró otra vez violentamente.



Empleando todas mis fuerzas intenté abrirla pero, como no lo conseguí, comencé a correr por toda la planta baja de ventana en ventana para saltar hasta el exterior. ¡Imposible! La madera estaba hinchada por la reciente lluvia y no había fuerza humana capaz de mover los postigos. Busqué inútilmente una palanca, un martillo, un hacha... 



Empujado por la valentía que da la desesperación, remonté la escalera que daba a la planta superior en cuatro saltos borrando de mi pensamiento lo que allí aguardaba, con la intención de lanzarme al vacío desde una de sus ventanas y salvar así mi integridad mental.

En adelante sólo recuerdo imágenes aisladas y borrosas: 






carreras frenéticas en busca de una salida, el horror que obnubila mis sentidos y atenaza mis músculos, un reloj que marca una hora en punto,


la aguja del tocadiscos que rasga los primeros surcos,



yo desplomandome,



un hilillo de baba que se escapa de mis labios y finalmente eso


la canción de Pimpinela "Olvídame y pega la vuelta", agradable y simpática para el que pasea por primera vez el oído por sus notas explorándolas con delectación como el caminante que atraviesa un paraje natural, pero inmundo y numinoso pozo de angustiosas sensaciones para el que ha de escuchar ese soniquete mañana tras mañana, desde los ya remotos días en que mi madre política llegara a casa (para instalarse en una de las habitaciones) y trajera ese diabólico disco que, para mi perdición, ella considera una bonita manera de comenzar el día.


Ahora he perdido el habla y dicen entre sí los médicos que me atienden en el psiquiátrico que mi mirada parece extraviada en un abismo de horror



¡Qué va! Es la expresión de descanso que ha invadido los rasgos de mi cara, pues dudo mucho que eso llegue hasta este tranquilo lugar.


8 de marzo de 2011

En un mercado de la Antigua Grecia

Dionisio de Tebas se encontró en el mercado a Teodoro de Atenas.

- ¿Cómo te va, Teodoro? -saludó Dionisio.

- Me va bien, ¿y a ti, Dionisio?

- Hace días que me molesta un dolor de muelas.

- Si te parece bien -dijo Teodoro- te enviaré a Hiparco, que es muy diestro en estas cosas.

- Te lo agradezco, Teodoro. ¿Qué te trae por aquí?

- Ha venido una remesa de vino de Tarento y quiero llevarme un ánfora. Es un vino estupendo.


- Mi esclavo la portará a la espalda hasta tu casa.


- No te molestes, mi esclavo lo hará -dijo Teodoro.


- No es molestia, somos amigos. Mi esclavo lo hará -dijo Dionisio.


- De ninguna manera.


- ¡Terco Teodoro, deja que te sirva por una vez! -gritó enfadado Dionisio.


- Sea, pues, si insistes.


El esclavo de Dionisio se echó a la espalda el ánfora que le indicó Teodoro.


- Creo que es muy pesada -dijo Teodoro.


- No, es muy ligera -respondió Dionisio-. Mi espalda no siente en absoluto el peso...




El Crucigrama

"Todo tiene su momento, y cada cosa
su tiempo bajo el cielo"
Eclesiastés


Tenía 13 años, pero poseía la bondad de un niño y cierto miedo hacia las cosas de los adultos. Estaba obsesionado con su balón de fútbol y su raqueta de tenis. Aquel sábado, después del desayuno, haciendo los deberes del Instituto, se le ocurrió un juego distinto. Intentaría confeccionar un crucigrama. En él colocaría sólo las cosas que le gustaban del mundo.
Cualquiera entiende lo difícil que es completar un crucigrama, no ya intentando que todas las palabras tengan relación sino incluso prescindiendo de toda restricción y permitiéndose usar libremente la totalidad del vocabulario. A veces hay que volver a empezar desde muy atrás porque no hay manera de encontrar la palabra que encaje bien.

Al principio, pues, fue muy fácil elegir las palabras: ARBOL, MAR, CIELO... pero cuanto más crecía el número de casillas con letras, más lentamente se iba completando el cuadro. Sin embargo era terco y no se detuvo ante la dificultad.

Ya estaba a punto de rematar su preciosa obra cuando descubrió que por coincidencias del azar la única dificultad grave y posiblemente insuperable que le quedaba era completar una serie vertical de casillas que empezaba con DEM y terminaba con IO y que tenía en medio dos casillas vacías. Se resistía con tozudez a emplear la palabra DEMONIO a pesar de que esa solución se ajustaba bien incluso con las palabras horizontales a las que concernía. El demonio no era una cosa que le gustara especialmente del mundo. Incapaz de llegar a una posible solución dejó sin terminar el crucigrama hasta que se le ocurriera algo.

Pero al día siguiente estuvo viendo Encuentros en la Tercera Fase en el cine con una niña de su barrio. Esa era la primera vez que acompañaba a una chica al cine y la película llegó a ocupar un lugar tan relevante en su imaginación, que quiso rehacer de nuevo su crucigrama para incluirla en él porque de lo contrario éste no iba ya a tener sentido.

Cuando llegó a casa sacó el papelillo arrugado que llevaba a todas partes por si alguna vez se le ocurría algo y se puso a mirar la vertical en que estaban las letras DEM__IO. No le gustaba mucho la idea de deshacer tantas y tantas palabras que había conseguido encajar con aquella perfección en los cuadritos. De modo que se concentró otra vez en DEM__IO. Al cabo de un rato de mucho mirar y pensar, se dijo: "extraterrestre" o "demonio" lo mismo da. Pongo DEMONIO y ya termino". Y eso fue lo que hizo al final.



El Descubrimiento Final

Hacía ya trescientos años que la humanidad al completo estaba dedicada en exclusiva a la solución del problema definitivo. En esa solución residía el éxito final de la inteligencia humana. Pero entonces comenzaron a expresarse opiniones muy críticas sobre el proyecto. Si en trescientos años no se había conseguido nada todavía, era porque se estaba haciendo algo mal.

Al hilo de consideraciones como ésta, un filósofo expuso su teoría acerca de lo que ocurría en un libro que tituló El problema del ProblemaSegún él, no se estaba haciendo nada tan mal como la forma de vender a la sociedad el proyecto. Como se pensaba que, una vez alcanzado el éxito, nada importante quedaba por hacer en el mundo, cada vez que se obtenía un logro parcial, aunque todos se alegraban en un principio, inconscientemente se alarmaban y miles de pequeñas negligencias acababan malogrando el avance. De ese modo, pasados tres siglos, el problema seguía en el mismo punto desde el que se empezó.

Al libro de este filósofo siguieron otros que aseguraban que el problema no era en realidad el definitivo sino uno más. Y así, un año después de pasados aquellos tres siglos, el problema fue solucionado. Pronto llegaron tantos y tan importantes retos nuevos que pareció que la Humanidad nunca había hecho verdaderos progresos.

No se supo advertir, sin embargo, que esto sucedía precisamente porque el que se había solucionado no era el problema que llevaba ocupándoles trescientos años, del que claramente se especificaba que era el definitivo. Así pues, éste quedaba una vez más sin resolver debido al sabotaje inconsciente de la masa social, promovido esta vez por una caterva de filósofos de segunda fila.

5 de marzo de 2011

Dura Misión a través de las Dimensiones

El equipo 3XP de policías Interdimensionales estaba listo para localizar al abuelo de Don Remigio Samplomizo Manta en alguna de las ocho dimensiones superiores y extraerlo de ella con el vivoextractor porque un comando de secuestradores estaban empeñados en enviar al trasmundo al antepasado del famoso personaje para evitar que éste naciera.

Aunque ya lo habían devuelto al pasado de nuestra dimensión cuatro veces, ahora había que hacerlo una quinta pues, una vez más, Don Remigio, su hermano Juan, su padre y sus tíos habían desaparecido de la Enciclopedia Universal Cabezón en 90 volúmenes.

Antes de partir rumbo al trasmundo, López, el más veterano, dijo:

-No entiendo cómo la orden no es de trasladar a otro plano dimensional al abuelo del inventor de la máquina transdimensional; de ese modo, las acciones de los transvándalos cesarían en nuestro mundo.

Los otros contestaron que esa acción no sería justa ni práctica considerando que los transviajes habían enriquecido científica y tecnológicamente nuestro mundo, mientras que Don Remigio...

-A propósito -preguntó López-, ¿qué hizo Don Remigio?

-Según el jefe -dijo Martínez-, tradujo al castellano varios manuales de jardinería y era un especialista en cerámica china. Pero fue más conocido por escribir un poema que empieza "La vida no vale nada, es mejor no nacer".

-¿Y ahora que se cumple su deseo -dijo López- vamos a pasar meses de agotador y monótono trabajo, a arriesgar nuestras vidas y a envejecer más rápidamente que nuestras esposas para volvérselo a negar? ¡Menuda operación ésta...!

4 de marzo de 2011

Patobobo

Patobobo (así lo llamaban en el colegio) era tratado como un objeto. Patobobo tenía un brillo limpio en la mirada, por lo que el conserje del centro, cuando tenía que buscar algo en el sótano, agarrándolo de la nuca, lo usaba como linterna. Era muy sensible, por lo que el profesor de ciencias lo utilizaba de barómetro. Soñaba con alcanzar una gran meta en la vida, pero sus compañeros no le dejaban jugar al fútbol y le obligaban a alcanzarles el balón.

Un día, volviendo a casa, se encontró con un gigantesco platillo volante que irradiaba una luminosidad resplandeciente posado en medio del camino. Un ser extraño se acercó a él y le reveló que en realidad no era humano, sino del mismo planeta que él. Entonces el niño le contó entre sollozos las humillaciones que había recibido de los humanos, siempre teniéndole como su esclavo, siempre utilizándolo para su propio provecho.


-Tranquilízate pequeño, no es para tanto -le dijo el extraterrestre- pero, cambiando de tema, venimos a ti porque... -el extraterrestre no sabía dónde dirigir su mirada para evitar la de Patobobo- ...porque queremos... en fin, usarte para una gran misión...

La Tarta de Cumpleaños

La cena había sido frugal y nos disponíamos a tomar el postre... Bueno, ellos, los señores, porque yo sólo era el mayordomo. Me había llevado años encontrar la ocasión justa. Era el día del centenario del señor. Sus muchos años los disimulaba su mucha fortaleza y salud debido no a una naturaleza vigorosa sino, al parecer y según los rumores de nuestra aldea, a sus prácticas ocultistas.

Había intentado varias veces vengarme de aquel viejo arrogante, que había obstaculizado mis amores con Obdulia, la joven hija de su última esposa. Pero la sorpresa era imposible. De nada servía aguardar su llegada en la oscuridad de la noche apostado tras una esquina de una calle con un revolver, pues algo, no sé qué, paralizaba siempre el dedo con el que debía apretar el gatillo. De no ser así, le habría matado con el arma. Habían sido demasiadas las humillaciones que había tenido que tolerarle, ¡demasiadas! En especial esa risita cada vez que me veía caminar cojeando e inclinado sobre mi pecho debido a la joroba que deforma mi espalda desde mi nacimiento.

Durante toda la cena, había estado el señor muy silencioso y con una mirada inquieta. Sólo yo y él conocíamos la causa. Y es que, en el fondo, el viejo y arrogante señor no había podido, a pesar de sus años, desprenderse de sus manías infantiles, una de las cuales era responder a cualquier desafío. Sus poderes de clarividencia le habían anticipado que estaba a punto de ser desafiado por mí a llevar a cabo una hazaña de extrema dificultad.

Cuando la tarta estuvo en la mesa, reaccionó de la manera que yo preví. Silenció los reproches que los familiares me empezaron a dirigir y se negó a aceptar el secador de pelo de pistola como instrumento para apagar las velas, prohibidas desde hacía seis décadas en las celebraciones de su aniversario.


Tres de ellas sucumbieron con el primer soplo. Nuevamente llenados sus pulmones, sopló con tanta fuerza que llegó a apagar el doble. Pero tras el décimo soplo todavía faltaban 87 velas por apagar. Después de soplar otras diez veces, estaba casi agotado y jadeando y el sudor brotaba abundantemente de su frente.

Su soplo número treinta fue tan débil que no extinguió ninguna velita. ¡Le había vencido! Me iban a despedir pero por esta vez él era el humillado. Por primera vez en toda la noche, me dirigió su mirada llena de desprecio, que a continuación una diabólica ira cubrió de un velo espantoso de opacidad.


Dio un salto hacia mí e intentó agarrarme para estrangularme pero yo le esquivé y me volví a detener junto a la mesa con aire desafiante. Al realizar este movimiento mutuo intercambiamos nuestros puestos: ahora la tarta estaba a mis espaldas y él frente a mí. Por eso, cuando volvió a lanzarse contra mi y yo, reaccionando en el último momento, me aparté, cayó sobre la tarta llenando su arrogante rostro de crema de nata.


¡Ja, ja! Mi triunfo no podía haber tenido un remate mejor. Le había humillado por partida doble en el día más solemne de su existencia. Para que luego diga la gente que Hans el de la giba no vale nada...