27 de febrero de 2011

Un novelista frustrado

El celebérrimo poeta Michael Waterhouse, hizo esta extraña confesión en sus memorias:

"No puedo escribir novelas porque mis personajes, después de la página cincuenta y dos, empiezan a volverse paranoicos. Piensan que hay algo detrás de las apariencias que domina sus vidas. Se ven como marionetas movidas por una mano invisible. Acaban sospechando la existencia de un autor. Finalmente me siento tan observado y la intimidad que necesito para crear se deteriora hasta tal punto que tengo que abandonar el proyecto..."

24 de febrero de 2011

Exhibición oratoria ante un grupo de caníbales

En medio de un paraíso natural, Fortunato Malhadado, un antropólogo Parmesano, convivía en un poblado con sus habitantes, estudiando su folklore, sus costumbres y su economía tranquilamente. Era el que recibía los mejores alimentos, el mejor alojamiento y la mayor atención por parte de todos.

Una mañana estaba en su tienda anotando en el cuaderno de campo algunas de sus impresiones bajo el rótulo La hospitalidad chingwanga cuando dos individuos lo prendieron y lo ataron a un tronco. Cuando vio que encendían una hoguera y sacaban filo a unos machetes, supo que iba a ser víctima de un rito caníbal. Armándose de valor e intentando aplicar con brillantez su conocimiento del idioma chingwanga, desde el tronco al que estaba sujeto comenzó a pronunciar el siguiente discurso:

"Dignos y honrados comensales, la amena y frondosa selva que nos rodea, la belleza de las mujeres que están presentes, y el canto no aprendido de las avecillas que revolotean por aquí y por allá me invitarían al disfrute y la ociosidad del pensamiento de no ser porque un sinsabor me arrebata la dicha que ello me procuraría, una honda pena me come las entrañas, la de que pensáis hacer conmigo o, mejor dicho, sin mi, una barbacoa.

"No soy ajeno a las delicias de la buena mesa, pues no hay cultura sin paladar ni tampoco paladar sin educación. La cocina es placer del sibarita, pero también necesidad del pobre. Mi placer y necesidad es no ser cocinado, no me lo neguéis.

"El sano alimento es garantía de una larga vida, pero no para aquel que alimenta. Así lo vemos en los cerdos que todavía en la edad de amamantarse visten las mesas de los exquisitos, o más aún en las gallinas, que antes de nacer, ya se encuentran el aceite hirviente de las sartenes. Comed huevos con jamón, no a mí.

"De gustibus non est disputandum, decían los romanos, sobre gustos no hay que discutir. Por eso, el manjar más estimado para unos provoca el vómito de otros y lo que frecuenta la boca de unos a otros les aburre el paladar. Pero yo os discuto bastante vuestro gusto de hoy.

"La buena mesa exige apetito al que come, sabiduría al que la prepara y tiempo y cuidados al que la proporciona. Cuidadme y dadme tiempo y yo os traeré buey para que os hartéis.

"¿Por qué me queréis comer? ¿Acaso sois leones sin entrañas? ¿Acaso no soy yo humano como vosotros? ¿Cómo os miraréis a los ojos después de cometido semejante crimen? Cuando no os queden antropólogos que comer, ¿a quién acudiréis para satisfacer el hambre? ¿Os comeréis entre vosotros?

"Y si me coméis, ¿qué ganáis? Comed mejor verduras, que son saludables. Comed pescado y fruta, leche o huevos y así no habrá una nueva viuda y dos nuevos huérfanos con que cargar a la seguridad social.

"Yo habría dado la vida por vosotros, pero no para amenizar la tarde del sábado. Si deseáis mi amistad, he aquí mi mano, si mi ayuda, he aquí mi brazo, si mi comprensión, he aquí mi pecho, si mi reflexión, he aquí mi cabeza, si mi voluntad, me habéis aquí todo entero, pero si lo que queréis es un aperitivo para mezclar con el vino, dejadme a mí y tomad un pincho de tortilla.

"Si no me tragáis, escupidme sin más o hacedme picadillo, pero es tontería que yo ande de boca en boca..."

El antropólogo siguió exhibiendo su verbo florido con prolijidad y exuberancia tal que ablandó los corazones de aquellos salvajes, que acabaron liberándolo y perdonándole la vida en medio de lágrimas y pucheros.