14 de diciembre de 2013

Creación de un nuevo blog de cuentos

     Amigos, si es que los tiene este blog, esta bitácora tiene ya 605 entradas, lo que quiere decir que tiene casi 600 cuentos publicados desde febrero de 2011; estamos a unos dos meses escasos de cumplir tres años desde entonces y mi vida ha cambiado mucho, no he conseguido mil o dos mil seguidores para mi blog como otros más exitosos, me he quedado en 74. No es desde luego, culpa de la calidad, los cuentos que aparecen en este blog muestran su brillantez a cualquiera que se acerque a leerlos. No estamos en tiempos en que la gente se detenga a pensar y a sentir, se limita a percibir y a fingir.
     Como no quiero permanecer ligado a las sensaciones y pensamientos que han perturbado mi vida durante estos tres años, abandono este blog para comenzar uno nuevo que me procure el ambiente nuevo que necesita el cambio que deseo imprimir a mi espíritu. Los seis cuentos que cierran este blog, dedicados a mi amada y a la libertad, son un buen remate a la trayectoria de trabajo, sentimientos, frustraciones y logros que ha dejado este blog que comenzó llamándose La casa agramatical y hoy mismo deja de estar en activo. En adelante, mis cuentos se publicaran en el blog Cuentos de pensamiento y libertad. Lo podéis ver en el siguiente enlace http://cuentosdepensamientoylibertad.blogspot.com.es/

13 de diciembre de 2013

Seis microrrelatos sobre la libertad (VI)

A mi amada

     Adela era objeto de las importunaciones de Javier. Cuando ella prefería ir alguna vez con las amigas que con él o hacía cualquier otra cosa demostrando su independencia, Javier se atormentaba pensando que no era amado en la misma medida en que amaba él y le pedía explicaciones sobre aquella forma de proceder. La interrogaba siempre sobre dónde había estado y qué había hecho intentando descubrir en sus respuestas indicios de amor o desapego, ella no se dejaba dominar y esta actitud la interpretaba él como falta de afecto por parte de ella.
     Tan estrecho era el cerco que Javier impuso a Adela que esta, cansada de reproches y exigencias, en un descanso de las clases del instituto, le expresó su decisión de romper la relación aclarándole que no estaba dispuesta a renunciar a su libertad por ningún chico.
     Javier vio cómo Adela, después de decir las palabras de ruptura, se levantaba del banco y se marchaba caminando lentamente. No la detuvo, lo que había oído había tocado un resorte escondido de su corazón; la libertad, que ella decía tener como prioridad absoluta de su vida, le pareció de repente algo tan sagrado que no pudo replicar nada ni tampoco sintió la necesidad de hacerlo. De súbito veía algo tan hermoso y noble en el hecho de que Adela fuera un ser libre que su deseo más hondo en ese momento era dejar que se marchara para evitarle cualquier embarazo a su libertad.
     Hasta muy hondo en su interior, se sentía embargado por una sensación subyugante y desconocida para él, no podía explicar qué era pero no se sentía con fuerzas para escapar a ella. Estaba pensando en Adela con tanta fascinación que casi la sentía como superior a él y una corriente de respeto por ella desbordaba su interior, todo porque había dejado de sentirse dueño de aquel ser humano. Ahora también él se sentía más libre por el hecho de aceptar la libertad de Adela. Su corazón palpitaba en ese momento con la pureza de la infancia que hacía poco había dejado y se dio cuenta de que, por primera vez desde que la conociera, estaba amando a Adela.

Seis microrrelatos sobre la libertad (V)

A mi amada

     Laura tenía nueve hijos, todos de menos de dieciocho años. Como tenía miedo de que se le volvieran díscolos y no la dejaran vivir, al principio los mantenía sujetos a una disciplina férrea, a todos los trataba igual y todos tenían la obligación de hacer las mismas cosas.
     Pero a medida que pasaba el tiempo, se iban volviendo más desobedientes y el desorden en casa llegó a ser extenuante para ella. Como no era de mal carácter sino de muy buen corazón, en lugar de aumentar la dureza de los castigos, permitió a cada uno que hiciera lo que quisiera siempre que no fuera un peligroso disparate concebido desde la inexperiencia, porque se sentía impotente para seguir luchando escrupulosamente contra el caos.
     Fue entonces cuando sus nueve hijos empezaron a parecer uno solo y el orden y la armonía volvió a su casa.

Seis microrrelatos sobre la libertad (IV)

A mi amada

     -Si yo pudiera hacer las leyes, los ponía a todos en fila, como en el colegio. Así no habría pederastas como ese tío desgraciado -esto le estaba diciendo el sargento Martínez a la teniente Gómez.
     -Que no, que no, Amancio -respondió la Gómez-, no seas retrógrado, no van a pagar todos por unos pocos.
     -¿Unos pocos? -dijo Martínez-. El que no hace nada malo es por miedo a la autoridad, si conoceré yo al género humano.
     En ese momento llegó el oficial que estaba interrogando al pedófilo.
     -¿Le has sacado algo a ese bastardo? -le preguntó Martínez.
     -Al principio era reacio -respondió el oficial-, luego he dejado de amenazarlo y le he hablado más blandamente y lo ha confesado todo, me ha contado hasta cómo eran sus padres. ¡Menudo miedo les tenía el individuo!

Seis microrrelatos sobre la libertad (III)

A mi amada

     Se sentía como si deseara desesperadamente escapar de la jaula de su cráneo. Era la enésima vez que ocurría. Le habían dado un asiento en la segunda fila en la ceremonia y, en cambio, el detestable y arrogante Eduardo, que no merecía ni siquiera un puesto en la tercera, había visto el homenaje en los asientos de privilegio.
     Le negaban el reconocimiento, le negaban la dignidad, le negaban el éxito... Estaba atrapado en una sociedad de ineptos. Él merecía la primera fila, incluso el homenaje que le acababan de rendir a otro. Él merecía ser colocado en el lugar más alto y, sin embargo, le colocaban en segunda fila... Su interior se debatía violentamente como deseando salir de una prisión.
     Dio un puñetazo en la mesa de su despacho y luego un cabezazo hacia atrás contra la pared. Entonces se desprendió el cuadro de van Gogh que había encima y cayó sobre él. Era una reproducción de los Girasoles, el que llegó a ser el cuadro más caro de la historia, menospreciado en su tiempo por todo el mundo.
     Lo agarró lleno de furia y lo hizo pedazos.
     -Van Gogh no cumplía religiosamente todas las normas y preceptos como hago yo -se dijo para rebelarse contra aquel simulacro de señal divina.